La Región Andina es una de las más afectadas por el impacto del hombre en los ecosistemas de bosques. Esta situación obedece a que alrededor del 75 % de la población colombiana se asienta en la Cordillera de los Andes, por lo que el bosque ha sido intervenido, principalmente, para obtener recursos maderables. 

Expertos estiman que esta región del país solo cuenta con un 25 % de de estos ecosistemas, un porcentaje significativamente bajo. El profesor Edgar Ernesto Cantillo, ingeniero forestal y doctor en Biología, dice que clases de poder que se asentaron en las partes más bajas de la cordillera han generado transformaciones especialmente para expandir las áreas ganaderas, además de haber servido para cultivos de coca por el clima. En las partes altas, la ganadería para leche y los cultivos de papa son los que han aumentado la deforestación.

La zona media, por su parte, presenta los mayores valores de diversidad, pues mantiene flora tanto de la parte baja como de la alta montaña. Sin embargo, también ha sido la más intervenida por el hombre, llegando hasta más del 80 % de transformación de la extensión original de sus bosques. Los cultivos de café y los de caña de azúcar han generado la mayor deforestación en este proceso.

Bosques en Cundinamarca. Foto: Nicolás Acevedo

Según el experto, en estos procesos tiene que ver mucho, principalmente en los países subdesarrollados, la pobreza y la falta o indiferencia del Estado en la protección de estas regiones.

En la región, los robles son protagonistas. Frente al tema, el profesor Andrés Avella, docente de la Universidad Distrital, junto con Cantillo, considera que se debe pensar en un manejo más diversificado y sostenible del siglo XXI, sin concentrarse solo en productos maderables.

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Los servicios ambientales no convencionales como la regulación hídrica, la calidad del aire o el que ya está más consolidado como una vía de mercado, que es el carbono, son grandes posibilidades de manejo forestal para reducir efectos del cambio climático. Se trata, entonces, de mirar las potencialidades de los bosques para adaptarlos a las condiciones propias a las que se enfrenta hoy el mundo. 

En este aspecto, según el profesor Cantillo, la única opción de sustentabilidad en Colombia es su condición de país forestal. “El país podría producir alrededor de unos 15 a 30 millones de metros cúbicos de madera, produciendo lo que necesita, con un excedente para exportar y, con esa estrategia, disminuir la deforestación en muchos de los territorios, no solo en la región Andina”, manifiesta.

Sin embargo, se estima que en 2017 se importó madera por más de 200 millones de dólares, por lo que hace falta una política para que Colombia sea un país productivo en lo que debe ser una producción forestal.

Los expertos hacen énfasis en que hace falta voluntad política y financiación a mediano plazo para, primero, darles a los campesinos posibilidades de gestionar adecuadamente los recursos forestales y, segundo, apoyar los procesos de restauración en la región Andina.

Los bosques son afectados por las actividades del hombre como la ganadería. Foto: Jhon Barros

Además, hacen un llamado para que se pase de los estudios de diagnóstico y se fortalezcan los de experimentación, pues “estamos inundados de datos, pero no hay ninguna acción”, dicen. 

Protagonismo de los robles

En esta zona del territorio colombiano, los robles son protagonistas. Los robledales son una formación boscosa muy significativa por su extensión en la Región Andina colombiana, por su importancia ecológica en servicios ambientales y por tener un factor socioecológico muy alto, pues está ligada a las culturas tradicionales (indígenas y campesinas) de la región.

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Tras una investigación en la que participó el profesor Andrés Avella, se logró diferenciar los robles de tierra fría (de las zonas altas de la montaña): más homogéneos –similares- florísticamente, con altos valores de existencias maderables, pero con unos servicios ambientales indispensables, tales como la regulación hídrica.

Por otro lado, están los robledales de las zonas subandinas, mucho más mezclados y diversos, con otra potencialidad de manejo, y el robledal negro, especie muy particular propia del continente, que está en Colombia y tiene altas existencias de carbono y de madera.

*Con información de Unimedios