Este año el tráfico ilegal de fauna en Colombia se disparó. La pandemia, en lugar de darle un respiro a los animales silvestres, los expuso a un peligro mayor. La falta de ingresos por esta crisis impulsó aún más este delito pues muchas personas recurrieron a vender ilegalmente animales para poder comer. 

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Además, las redes sociales e internet fueron claves a lo largo de estos meses de cuarentena y un mecanismo efectivo para que los criminales comercialicen cientos de animales. La situación es preocupante porque 2020 superará las cifras de animales incautados por este flagelo en el año anterior. Hasta la fecha las autoridades han incautado 16.824 ejemplares víctimas de este flagelo, frente a las 18.860 que recuperaron en 2019.

Foto: Paula Ruiz

De acuerdo con el Sistema de Información Estadístico, Delincuencial Contravencional y Operativo de la Policía Nacional, las especies más traficadas son reptiles, aves y algunos mamíferos, varios de los cuales son endémicos, es decir, que solo existen en Colombia. 

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En el caso de las tortugas, las más afectadas son las hicoteas, morrocoy y carey. Al igual que las babillas e iguanas. En el caso de las aves, el canario costeño, la guacamaya azul amarilla y el loro real. Mientras que en el caso de los mamíferos, los más comercializados son los monos araña, el tití cabeciblanco y el mono cariblanco. Todos estos ejemplares están bajo algún tipo de amenaza según  la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Foto: Paula Ruiz

Capturar un animal muchas veces significa matar a su mamá ya sea porque se opone o porque tiene a su cría sobre su lomo. En otros casos, cuando van en grupo, matan a algunos miembros de la manada para capturar a otros.

Foto: Paula Ruiz

En los últimos cuatro años, la Policía Nacional ha incautado 94.927 animales víctimas del tráfico ilegal de fauna. El año 2018 fue el que mayor número de incautaciones registró, con 34.794 ejemplares recuperados. 

Foto: Paula Ruiz

Bogotá es el epicentro de este negocio y de esta ciudad exportan e importan cientos de miles de animales. Para transportarlos les sellan muchas veces el pico para que no hagan ruido, los meten en pequeños recipientes para que no se puedan mover y hasta en llantas de camión para que no los encuentren en alguna requisa. Muchos llegan muertos a sus destinos y los pocos que sobreviven quedan con traumas de por vida. 

Foto: Paula Ruiz

A lo largo de estos años de trabajo, Paula Ruiz ha logrado identificar los principales destinos de tráfico de fauna. Uno de ellos es Estados Unidos, a donde parten principalmente reptiles, mientras que una de las especies más exportadas hacia Alemania y China, por ejemplo, es la rana dardo dorada, endémica de la costa pacífica colombiana.

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A España y en general a toda Europa, suelen exportar felinos y hacia Perú salen muchas aves por la frontera. Los chinos, por su parte, vieron en Sudamérica la oportunidad perfecta para sustituir las patas de tigre que son escasas en en ese país, por las del jaguar y el puma, razón por la que el tráfico de estas especies en Colombia es muy elevado.

Foto: Paula Ruiz

En lo corrido de 2020, la Policía Nacional ha capturado a 1.974 personas por este delito. Además, a través de la Dirección de Protección y Servicios Especiales y en coordinación con la Fiscalía General de la Nación, puso en marcha en junio la Operación Temis, “contra criminales dedicados al tráfico ilegal de biodiversidad y daños a los recursos naturales”. A lo largo de ese mes capturaron a 46 personas y decomisaron 502 animales y 38 especies de flora. 

Foto: Paula Ruiz

El tráfico ilegal de fauna es el tercer negocio más lucrativo del mundo, con ganacias de más de 20.000 millones de dólares al año, según la Organización de Naciones Unidas. 

Foto: Paula Ruiz

Se estima que de 10 animales incautados por las autoridades, solo uno puede regresar a la libertad. Esto, como consecuencia del tiempo que permanecieron con los humanos, pues en muchos casos pierden su carácter silvestre y no saben cómo cazar, defenderse, o sobrevivir en libertad. 

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Foto: Paula Ruiz

Tener animales en casa o comercializarlos no solo trae graves consecuencias para estos ejemplares, sino para los humanos. Los altos nieveles de estres por estar encerrados pueden hacer que aparezcan enfermedades zoonóticas, las cuales se transmiten entre humanos y animales. Como consecuencia podrían provocar una pandemia como la covid-19 que proviene de un murciélago o pangolín de China.