El panorama para las Espeletias, conocidas popularmente como frailejones, no es nada alentador en el departamento de Boyacá.  

Los resultados preliminares de una investigación sobre el estado de amenaza de las especies de esta planta existentes en la jurisdicción de la Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá) así lo demuestran. 

María Teresa Becerra, bióloga que identificó la más reciente especie de Espeletia denominada La Ramosa, logró determinar que en ese departamento existen aproximadamente 44 especies de frailejones, distribuidos en los seis complejos de páramos que se encuentran en área de cobertura de Corpoboyacá (87 de los 123 municipios de Boyacá). 

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El estudio previo permitió establecer que los complejos paramunos donde se presentan más especies de frailejones son Guantiva- La Rusia y Pisba, en donde se han hallado 17 y 16, respectivamente. Luego le sigue Tota- Mamapacha-Bijagual con 11 especies, Iguaque-Merchán con siete, El Cocuy, también con siete y Rabanal-Río Bogotá, con cuatro.

“Este análisis preliminar señaló que con la información disponible y siguiendo la clasificación de estado de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), 15 especies podrían estar En Peligro Crítico (CR) de extinción, principalmente aquellas que se reportan solo en una localidad, 26 En Peligro (EN) y tres o cuatro en estado Vulnerable (VU), eso significa que las 44 especies de la jurisdicción de Corpoboyacá tiene algún grado de amenaza", explicó. 

Becerra afirmó que dichas amenazas están asociadas específicamente a la pérdida de área disponible de páramo, hábitat de los frailejones, por cuenta de los procesos que se vienen adelantando allí como, por ejemplo, la expansión de la frontera agropecuaria, el pastoreo, los cultivos, la minería, las plantaciones forestales y el cambio climático. 


La expansión de la frontera agropecuaria es una de las principales amenazas para los frailejones, según la investigación preliminar desarrollada. Foto: Darlin Bejarano. 

La investigadora informó que este análisis se efectuó utilizando la información disponible de registros de herbario y otros provenientes de ciencia ciudadana como la plataforma iNaturalist. "A partir de estos se hicieron análisis de extensión de ocurrencia y área de ocupación, esto significa, el área donde está distribuida cada especie", indicó.  

De acuerdo con la Corporación, estos resultados indican que es necesario evaluar el estado de las especies con mayor riesgo y que son conocidas en cada localidad, así como contar con más registros de todas estas plantas y hacer un análisis de riesgos y amenazas mucho más minucioso, incluido el cambio climático para cada especie según su ubicación.

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Por lo anterior y bajo la premisa de proteger las más de 538.000 hectáreas de páramo que hacen parte de la jurisdicción de Corpoboyacá, esa autoridad ambiental, los entes territoriales y la comunidad decidieron unirse en pro del cuidado de estos ecosistemas con diferentes proyectos como el denominado ‘Boyacá Reverdece‘, una iniciativa que busca conservar y recuperar la biodiversidad de los páramos, bosques, humedales y ríos en la jurisdicción de esa corporación.

“Restaurar ecosistemas degradados no significa solamente sembrar árboles, es un proceso holístico y además una oportunidad para congregar a los sectores ambiental, económico, social, la innovación e investigación”, señaló Herman Amaya, director de Corpoboyacá, quien impulsó la investigación preliminar adelantada con proponer una hoja de ruta para la conservación de los frailejones.

 
Recientemente fueron dados a conocer los resultados de la investigación preliminar sobre el estado de los frailejones. Foto: Corpoboyacá. 

Adicionalmente, desde la corporación se indicó que para el año 2021 será una prioridad conocer y conservar las espeletias existentes en su jurisdicción. Y es que los frailejones tan solo crecen un centímetro cada año, por eso la necesidad de salvaguardarlos, ya que cumplen con la función primordial de absorber el agua de las neblinas y lluvias y conservarla para luego entregarla de forma regulada a este ecosistema, que se encarga de liberarla a las quebradas que surten los ríos.

Además, los páramos también cumplen funciones de mitigación y adaptación al cambio climático muy importantes, pues la concentración de materia orgánica en sus suelos permite almacenar carbono (CO2) en mayor proporción que en otros ecosistemas.